miércoles, 21 de mayo de 2008

Victoria, en Seúl


En 1988, el Comité Organizador de los XXIV Juegos Olímpicos de Seúl de ese año, me encargó un monumento. La obra fue concebida en mi taller de la calle Humahuaca, naciendo –como era habitual en mí– como una pequeña maqueta. Luego se hicieron los diseños, los cálculos estructurales y finalmente todo ello fue enviado a Seúl. Allí comenzaron de inmediato los preparativos para la concreción de la obra y me invitaron a viajar para intervenir personalmente en su construcción y erección.

Para la construcción de la obra, me tocó en suerte una factoría situada en la localidad de Han-San, que estaba a casi dos horas de viaje de mi residencia, con suerte y si el tránsito congestionado lo permitía. Me otorgaron un intérprete en español-coreano, una asistente, la cooperación infatigable de seis operarios y toda la ayuda necesaria para la realización de la escultura.

Victoria –así se llamó la escultura– marca dentro de mi obra escultórica el comienzo de una nueva etapa: la de la indagación en torno a las superficies torsionadas. Comenzaba mi investigación a partir de una superficie laminar recortada según determinadas formas, en general dinámicas. Luego iba doblando dicha silueta plana hasta transformarla en una entidad articulada que albergaba en sí un espacio. Las láminas así torsionadas adquirían la conformación de una superficie de doble curvatura que recordaba a menudo la génesis de una cinta de Moebius, pero sin caer en el cliché de dicha figura.

Midiendo 9 metros de alto por 6 y medio de profundidad, fue emplazada en el predio del Estadio Olímpico de Seúl, en el marco del Simposio Internacional de Escultura que se organizó paralelamente a los Juegos y recibió el Premio Apreciación. En el basamento de la misma reposaba una gota plana de vidrio con agua en su interior, como una suerte de sereno y callado recordatorio de mi credo hídrico.



In 1988, the Organising Committee of the XXIV Olympics in Seoul, asked me to do a moumental work.

I immediately began preparations for the realization of the work, as they invited me to travel there to intervene personally in its construction and erection.

Victoria -so was the name I gave to it- marks in my sculptural work the beginning of a new stage: the inquiry of surrounding twisted and spined surfaces. I began with a laminar surface trimmed in certain dynamics forms. Afterwards, I twisted that flat figure until it articulated into an entity that housed a space in it. The twisted surfaces acquired the formation of a double-curvature that often recalled the genesis of a Moebius strip, but without falling into the cliché of that image.

Measuring 9 meters high and 6 meters and a half deep, was located on the campus of the Seoul Olympic Stadium, in the ocassion of the International Sculpture Symposium which was held alongside the Games. It received the Appreciation Award. In the work's base, a flat glass drop with water inside rested as a sort of serene and quiet reminder of my water creed.